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Amor del BuenoDel que no se anda con rodeos

Señales

Cinco señales de que ya te estás conformando

No es que la relación esté mal. Es que dejaste de esperar que estuviera bien.

2 min de lectura
Dos tazas sobre una mesa, una vacía

Conformarse no se siente como una decisión. Se siente como cansancio. Un día dejas de decir algo porque no vale el pleito, y al siguiente ya ni te acuerdas de que querías decirlo.

Estas son las señales que más se repiten cuando alguien lleva rato aguantando sin darse cuenta.

1. Ya sabes de memoria cómo va a acabar la discusión

Antes de abrir la boca ya calculaste la respuesta, el tono y cuánto va a durar el silencio después. Cuando puedes predecir el pleito completo, es porque hace mucho que no se resuelve nada: nomás se repite.

2. Cuentas las cosas buenas como si estuvieras defendiendo un caso

“Pero me trata bien.” “Pero nunca me ha faltado.” Fíjate en el pero. Cuando alguien te pregunta cómo vas y tú contestas defendiendo, no estás describiendo tu relación: la estás justificando. Y eso solo se hace cuando en el fondo ya tienes una duda.

3. Tus planes de futuro ya no lo incluyen

No porque lo hayas sacado a propósito. Simplemente cuando te imaginas dentro de cinco años, la imagen viene sin él o sin ella. La cabeza va más rápido que la boca.

Uno no se enamora del presente. Se enamora de lo que cree que viene. Cuando dejas de imaginar lo que viene, ya te fuiste, nomás que todavía no te avisas.

4. Te alivia cuando no está

Ojo con esto, porque hay una diferencia: descansar de alguien es normal, todos necesitamos aire. Pero si su ausencia se siente como que te quitan un peso de encima, eso no es descanso. Eso es que estar juntos te cuesta trabajo.

5. Te conformas también en lo demás

Esta es la que casi nadie ve. Cuando bajas la vara en la relación, se te baja en todo: en el trabajo, con los amigos, con lo que comes, con lo que te permites querer. Conformarse es un músculo, y se entrena.


Ninguna de estas cinco quiere decir que tengas que irte. Lo que quieren decir es que dejaste de preguntarte qué querías, y que ya es hora de volver a preguntártelo.

Empieza por lo más simple: si nada cambiara nunca, ¿te quedarías? Contéstalo sin adornos. Lo que sientas antes de razonar la respuesta, eso es la respuesta.

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